En torno al Sonido

-Hablar en torno al sonido, entendido éste en sentido amplio. A un concepto de sonido que no excluye lo asimétrico, lo desajustado, lo irregular, lo expuesto en desorden. A un concepto de sonido que abarca y se extiende hacia la disonancia, el rumor, el murmullo, el ruido.

-Hablar en torno al sonido es también hablar del habla. De un habla que vehicula sentidos varios pero también de un habla sin sentido. De un habla como articulación, como voz distorsionada del discurso. De un habla de ruidos.

Si conviniéramos en dejar de lado todo aquello que se titula música -decía Cage- la vida entera se transformaría en música. La vida entera, invadida de habla, atravesada de voces. La vida entera envuelta de ruidos superpuestos. De ruidos percibidos como música, después de que hayamos roto mentalmente la barrera que los marginaba en un territorio apartado, provistos hasta ahora del mayor desinterés para nuestra atención.

-Hablar en torno al sonido es evocar al habla como música. Como música de ritmos. Como música de timbres. Como música de intensidades. Como música de curvas de entonación.

Hablar en torno al sonido es evocar la música del habla, pero también nombrar y vociferar el ruido del habla; la música-ruido del habla.

-Morgenstern, Marinetti, Huidobro, Meyerhold, Hausmann, Jandl, Rühm, Dufrêne, Chopin o Gysin ya se manifestaron tiempo atrás en favor de la música-ruido del lenguaje del habla.

Distorsionar el discurso hablado. El discurso ya no discurre. El discurso se contorsiona, se agranda a trozos, vocifera, gruñe, suspira, grita. El discurso nos mira poniendo los ojos en blanco. Lo que tenía de lógico ha sido apartado a un lado como una cáscara. Partículas de voz se desgranan de vez en cuando del conjunto. Partes de ella permutan su lugar, insertándose al inicio, en mitad o en el extremo de un grumo de vocablos. La repetición de una sílaba se muestra aquí y allá, recordando su insistente presencia. El discurso exclama, interroga, se desliza susurrando algo o hace gárgaras en la garganta y hasta en la nariz con los fonemas que en aquel momento dispone. La palabra ya no dice: se ha convertido en un conglomerado de corpúsculos que se deshacen y reorganizan a su modo, sin que aparentemente nada ni nadie les imponga un orden preciso, sin que aparentemente nada ni nadie les indique el camino a seguir, sin que nada ni nadie les ajuste las cuentas del sentido.

Hablar en torno al sonido es decir que la poesía fonética se relaciona no sólo con la música sino también con el gesto. Con el gesto ya que cada emisión de voz se acompaña de una disposición concreta de los músculos de la boca y de la cara. Con el gesto ya que cada articulación fonética se acompaña de una disposición concreta de los músculos de la cara, de la boca, de las manos y a veces también de todo el cuerpo.

Hablar en torno al sonido es decir que la poesía fonética se relaciona no sólo con la música sino también con la escritura. Con una escritura de palabras rotas, de trozos de sílaba, de fragmentos de letra, que cabalgan en ocasiones una sobre otra, mostrándose inatravesables para la voz, pero no para los ojos. Escritura de residuos articulables desde el terreno de la punta de la lengua hasta aquel otro situado en la cavidad nasal o en los albores de la garganta. Escritura que se muestra tipográficamente agrandada y que de pronto desaparece casi por completo.