Matadero Memoria Aural

Matadero Memoria Aural arranc√≥ como un intento de querer recuperar la historia de un barrio a trav√©s del sonido. Para darnos cuenta de que no era posible sino recoger peque√Īos fragmentos de aquella en la pluralidad de voces de quienes han vivido en √©l, haci√©ndolo suyo.

¬ŅSe puede medir o cuantificar el peso de los recuerdos en un sonido?

Durante varios meses, el colectivo¬†Sound Readers¬†registraba el testimonio de las personas que de alguna manera estuvieron asociadas al Matadero Municipal y su entorno m√°s inmediato dentro de Arganzuela. De este modo, conversaron con vecinos que han vivido mucho tiempo en Legazpi, con antiguos y actuales trabajadores de Matadero, con algunos comerciantes que a√ļn conservan su negocio y han sido testigos de las diferentes transformaciones del barrio.

¬ŅC√≥mo recuperar aquello desaparecido, objeto de un sinf√≠n de transformaciones durante d√©cadas?. Registrar el paisaje sonoro presente era insuficiente a la vez que una tarea quim√©rica. Oyentes al tiempo que ejecutantes en esta inaprehensible composici√≥n en la que estamos inmersos, optaron principalmente por la oralidad -aunque no exclusivamente: Registros de ambiente y piezas sonoras, claves por su aproximaci√≥n al sonido desde lo espacial. ¬†Finalmente, los di√°logos registrados se convert√≠an en una pieza de autor√≠a compartida con los interlocutores, donde el acto de escuchar es mucho m√°s que una cuesti√≥n meramente sensorial.

El resultado de este trabajo es un archivo. Un archivo polifónico, con diferentes voces y testimonios. Este archivo está asociado a un lugar geográfico determinado que, a lo largo del tiempo, ha mutado su piel urbana. De esta forma, hemos sabido que, durante la Guerra Civil Legazpi fue frente fronterizo, que en la posguerra se acrecentó el carácter de barrio humilde y de gente trabajadora que vivían gracias a las diferentes industrias de la zona: la cárnica en el Matadero Municipal, la comercial por el Mercado de la fruta y verdura, la de fábricas de diversa índole. Que vivió una época de cierto apogeo económico en los sesenta y que paulatinamente y debido al cierre de las fábricas fue decayendo hasta que, definitivamente, Matadero, epicentro y motor del barrio, cerró en los noventa.

Se trata pues de un ejercicio de lo que Isobel Anderson denomina escucha productiva: La posibilidad de que el visitante elabore nuevos significados en su entorno, transformando el ‚Äúespacio‚ÄĚ en ‚Äúlugar‚ÄĚ y favoreciendo la creaci√≥n de un v√≠nculo con los miembros de la comunidad que est√° escuchando.

http://mma.soundreaders.org